martes, 12 de mayo de 2009

Día 33 (Naolinco - Misantla)

Salimos sin Chispita (que ya se le está haciendo costumbre no llegar a tiempo), y llegamos a Naolinco como a las 10:30 e inmediatamente nos llevaron al restaurante en donde trabajamos hoy. Mientras terminaban de alistar los ingredientes y la cocina, Raúl y yo nos fuimos a dar la vuelta por el pueblo para hacer fotos. Fue como estar de regreso haciendo "Naolinco Perenne" (mi proyecto de beca del IVEC, en el '97), enseñándole a Raúl en donde había hecho las fotografías, y platicándole acerca de la fiesta de San Mateo, sin dejar de sorprenderme como el lugar está transformado para bien, completamente limpio y cuidado. Incluso fuimos a buscar una farmacia-droguería (de esas que aún fabrican remedios), que me acordaba estaba en una de las callecitas, la cual nos encontramos sin funcionar, pero en plena restauración. Cuando ya estuvo listo todo, me llamó Kilo para que regresáramos al restaurante y empezar con las fotos. No pudimos ir a buscar a Don Lino y hacer fotografías de las máscaras de madera muy características del lugar. Tampoco nos dio tiempo de ir a San Miguel Aguazuelos a ver la artesanía.

A pesar de que trabajamos muy a gusto en el lugar, tuvimos que hacerlo con un poco de prisa, ya que en la tarde viajaríamos a Misantla. Terminamos cerca de las 3 de la tarde (una vez habiéndonos comido entre otras cosas, un chicharrón en escabeche, que fue la estrella de la tarde).

Ni siquiera sentí las curvas de la carretera hacia Misantla, porque caí dormido una vez arriba de la camioneta. Una vez que llegamos, nos esperaban para darnos un 'tour' por la ciudad. En esta ocasión no nos recibió el director de turismo como siempre, sino el regidor primero, el cronista de la ciudad, y una comitiva como de 6 personas, lo cual me hizo pensar "aquí va a haber mampara" (sinónimo de como una muestra gastronómica se vuelve todo un acto político, complicándonos y retrasándonos el trabajo. -Ver entradas del blog anteriores-). Dos horas después de caminar por la ciudad regresamos al palacio municipal en donde Chispa ya nos estaba esperando. Ya casi sin luz natural, nos llevaron a un asilo de ancianos muy bonito, en donde tenían preparada la muestra. 

Como muchos platillos ya estaban preparados, improvisamos un set y empezamos con las fotos, aprovechando la poquita luz del sol que quedaba. Nos concentramos tanto en sacar rápido los platilllos -15 en total-, que ni me enteré de lo que pasaba en la cocina. Mientras trabajábamos, se sentó un viejito a observarnos, y me empezó a hacer preguntas y comentarios no usuales: "¿Traes 100 o 400?" (refiriéndose a la sensibilidad de la película), "Si traes flash, verdad?","Yo tengo mi ampliadora en Martínez de la Torre, y me costó treinta mil pesos en 1981, porque las fotos se toman chiquitas, y ya con esa las haces lo grande que quieras" y cosas por el estilo. Una vez que terminamos y mientras todos se sentaban a cenar, me puse a platicar con él. 

Gregorio Lanzarota, 99 años cumplidos el sábado pasado. Nacido en el puerto de Veracruz, arquitecto de profesión, y fotógrafo y escritor por pasatiempo, quiere celebrar sus 100 años de vida comprando varios borregos para hacerlos en barbacoa e invitar a todos. Me enseñó un fragmento de una novela que escribió a mano desde 2005, que trata de un muchacho (Jarasquin del Monte) que se lleva a vivir a su amada (Froturca Pirian) al desierto del Sahara, para alejarla de los hombres que la acosan. Los nombres de los personajes son de su total invención, y la idea de escribir esta historia nace de un concurso de Televisa, en donde regalaban 100 mil pesos y una camioneta a quien escribiera una historia similar; él quiere aún llevar la novela a la televisora, por lo menos para que le den la mitad (y con eso comprar los borregos para la fiesta del año que entra). 

Don Gregorio se retiró a descansar, y me reuní en la mesa con el resto de la gente, para escuchar la plática de que en Misantla están seguros de que el origen de la vainilla es ahí mismo, y no en Papantla, y que quieren que el gobierno se los reconozca (la vainilla de Papantla tiene denominación de origen). Lo curioso es que al parecer nadie en Misantla produce vainilla. 

Nos despedimos y salimos hacia Xalapa para hospedarnos. Una vez que llegamos, no pude evitar un sentimiento de nostalgia por esta ciudad. A ver como me va mañana.