viernes, 8 de mayo de 2009

Dia 31 (Huatusco)

Salimos de Cosco muy temprano para llegar a Huatusco. Como entre los dos lugares el tiempo de recorrido es muy corto, llegamos a muy buena hora para registrarnos en el hotel. Esta vez si le tocó habitación a Chispita (anoche le ayudé pagando su hospedaje porque al final sí hubo broncas y no le tocó cuarto).

El día estuvo muy tranquilo y relajado. Primero nos llevaron al mercado, a que la señora que nos cocinó comprara lo necesario para los platillos, y de ahí nos fuimos a su casa a chambear. Prepararon Salsa de Chicatana (una hormigota con alas que sólo hay en tiempo de lluvia), Salsa Macha, y Tlaltonile de pollo. Todo fue muy rápido, pero por alguna razón extraña y ajena, tuvimos que esperar a gente de TV Azteca para que grabara los platillos hechos, así que la degustación tardó un poco. Kilo fue la estrella de la tarde, y hasta uno de los hijos de la señora se tomó una foto con el, porque decía que se parecía mucho a Roberto Carlos (el futbolista). La gracia terminó, cuando el mismo Kilo se puso a acariciar a uno de los perritos del lugar, llamándole "Chispa!, Chispa!" (burlándose de nuestro Chispita), y resultó que el esposo de la señora que nos cocinó se apellida así: Chispa. Una vez que terminamos, nos llevaron a un mirador a hacer tomas panorámicas de la ciudad, y de ahi se suponía que íbamos a unas cabañas, pero hubo cierta confusión y desorganización y acabamos sin ir a ninguna parte. Incluso me enseñaron unas fotografías del lugar para ver si me 'servían', a lo que me negué categóricamente.



A las 5:30 pm. ya habíamos terminado todo, y regresamos al hotel, a que cada quien hiciera lo que ya teníamos programado para la tarde: Dormir; menos Chispa, que tenía que transcribir las correcciones que el Chef hizo a la propuesta de diseño, para enviarlas a México esa misma tarde.

Como a las 7 de la noche nos salimos a turistear por el lugar. Caminamos y caminamos y caminamos, hasta que 14 cuadras después (y sin poder encontrar un lugar para comprar tiempo-aire de celular), llegamos a la Alameda, en donde nos quedamos un rato viendo un torneito de vollley-ball. Nuestro nuevo chofer se había integrado con nosotros, y cuando ya veníamos de regreso, éste ya había investigado en donde estaban los congales del la ciudad, así que nos insistió en que fuéramos a tomarnos "una chela, nada más". Kilo no tenía muchas ganas de ir, y yo les dije que era muy probable que no me dejaran entrar con la cámara, pero que "los acompañaría hasta la puerta". Al final llegamos a un antrito oscuro y húmedo, en donde una fila de chicas sentadas junto a la barra cobraban diez pesos por baile, (previamente pagada en la rocola) y $70 por invitarles una cerveza. Sí me dejaron entrar con la cámara, pero no me permitieron tomar fotos. Chispita en un afán meramente "antro-pológico" platicó con una de las gorditas quien le dijo: "Yo antes era muy gorda, pero me dio dengue y bajé como 10 kilos, ahora soy flaca...(¡¿?!)". Nos tomamos dos o tres chelas cada quien, y nos fuimos a dormir.

de a diez el baile